XL (CUARENTA)

Cuarenta… para la inmensa mayoría el significado de este número nunca trascendería de su simple existencia  como  factor cuantitativo, sin embargo, para el cofrade esta cifra esconde bajo ese disfraz de normalidad existencial una magia y un misticismo a veces olvidados por una memoria itinerante y selectiva capaz de centrarse en el mundanal ruido del presente.

Más allá de la frontera que separa el ser del parecer, los trazos rectilíneos de oscura  tinta  que dan forma a tan significativo valor se despojan del pesado yugo que supone  formar parte de un sistema establecido para, como si lo desnudáramos, alcanzar su autentica verdad, lo que los griego definieron como Aletheia, su auténtica naturaleza, que no es otra que la de ser el punto de partida, el alfa de un  arduo caminar  que nos conduce de forma incesante al súmmum de nuestra religiosidad.

Serán cuarenta días y cuarenta noches…pero qué cuarenta días y qué cuarenta noches.

Serán cuarenta días en los que nos despertaremos cada mañana con la sensación de que una parte de nosotros se ha ido con el día anterior y ya no volverá, tempus fugit, el tiempo inevitablemente pasa, mientras otra desea anticiparse a los acontecimientos siendo  victima de un proceso proléptico  y llegar cuanto antes a la Semana esperada.

Serán cuarenta días en los que se mezclaran el olor del incienso y del azahar  resucitando de nuestro recuerdo ese aroma inconfundible que nos embriaga al atravesar el dintel de las puertas de cada templo, las lágrimas de cera que resbalan  sin que apenas podamos apreciarlo dibujando la irregularidad perfecta del sollozo de una vela que es un fiel reflejo de la vida humana, la realeza del oro y la fulgente plata  serán los oficiales de un ejército de tonalidades, matices y tesituras, de rojo triunfante, púrpura clámide y negro ruán que actuarán como los perfectos anfitriones de sus benditas figuras, y de fondo, el aire nos llega decorado con una melodía en forma de voces celestiales  que nos susurran al oído letanías de alabanza y muerte, de doctrina y sufrimiento.

Serán cuarenta noches de interminables versos de admiración y adoración, de la prosa elaborada desde el lugar más profundo y recóndito de nuestro corazón, de literatura destinada al oído de todos  pero al paladar de solo unos pocos elegidos, de noches de ensayo que parecen no tener fin o de las que llegan y se van sin haber avisado, de costal, faja, tertulias y cervezas , de chicotás de esas en las que el paso no pesa…parece que va volando y preferirías parar el tiempo, conservarlo intacto, que no lo toque nadie con el fin de ir recogiendo cada segundo con mesura y delicadeza para conservarlo en el “tarro de las esencias” y únicamente abrirlo el día señalado.

Serán cuarenta días  y cuarenta noches que iremos desgranando con la lentitud y  la paciencia con las que vemos caer cada grano de arena dentro de su elipsoide de cristal hasta que el volumen arenoso desparezca del hemisferio superior, momento en el que iniciaremos una nueva cuenta regresiva, pero esta vez solo de siete días.

Jesús Luque Caparros.

Autor: Jesús Luque Caparros
Joven Cofrade pero desde niño vinculado a la Semana Santa, Capataz del Misterio de Oración, del Perdón y de la Virgen de la Soledad, fue pregonero juvenil, destacando en escritos y colaboraciones en revistas y publicaciones de Hermandades.
24 de febrero de 2018, 23:28