
La Iglesia conmemora principalmente el tiempo en que Jesucristo permanece en el sepulcro después de su muerte el Viernes Santo.
Es un día de silencio, espera y reflexión.
Jesús está en el sepulcro, con la esperanza de la resurrección.
María dolida por la muerte de su hijo, mantiendo viva la llama de la fe. Cuando todos parecen dar la espalda, allí está la Madre, en esperanza.


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