
Con el sonar de los cohetes en el patio del Colegio Salesianos se anunciaba el Pregón que organiza cada año la Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de La Línea de la Concepción y que al mediodía del pasado domingo 14 de mayo pronunció nuestro amigo Juan Carlos Gil Zambrana.
Con el escenario del Teatro engalanado para esta ocasión donde destacaba en el centro del mismo un gran cuadro con una fotografía de la Reina de las Marismas daba comienzo la presentación del acto a cargo de Juan Antonio Valle Lima, Hermano Mayor de la Hermandad de Gloria Linense, para a continuación ceder la palabra a José María Gil Zambrana, hermano del pregonero, quien se encargó de hacer su presentación. Sus valores humanos, cristianos, cofrades salieron a relucir en sus textos escritos con un enorme cariño expresando la vida de Juan Carlos en todos sus aspectos reducido en unos folios que por supuesto seria mucho más extenso gracias a la gran persona y polifacética que es como responsable de pregonar a los rocieros linenses en este año 2017.
En el Pregón de Gil Zambrana realizado el pasado domingo y que contó con una muy importante asistencia, el pregonero estuvo en todo momento entregando su corazón a todos los que le acompañaban, expresando con sentimiento muchos momentos vividos en su peregrinar rociero junto a la Blanca Paloma y a su Hermandad de La Línea de la Concepción.
La música fiel acompañante de Juan Carlos hizo acto de presencia en distintas partes de su locución, interpretada por voces e instrumentos que constituían una melodía transmitida en Plegarías, Sevillanas, toques de guitarra, flautas y tamboril.
Un pregón que dividido en varias partes, con un comienzo donde plasmaba en sus palabras los inicios y fundación de la Hermandad del Rocío Linense. Tras los saludos, agradecimientos y dedicatorias Juan Carlos Gil relato a los asistentes su primeros Rocíos:
-No hay nadie en este mundo, más rocieros que mis padres, como se suele decir ahora, ¡el que pueda que lo empate! Son el claro ejemplo de que no es más rociero el que más va a verte, ni el que más el camino hace.
Fue una excursión que organizaba la asociación de vecinos de San Pedro un 12 de octubre del año 92 la primera vez que te vi, recuerdo agarrarme a mi madre y me pegué toda la Misa llorando, y mi padre decía, niño ¿pero porque lloras?… tengo esa imagen grabada a fuego.
El camino, otro momento muy importante en la vida de un rociero, y por supuesto en el pregonero: Un Lunes, pero no un Lunes cualquiera, aún no ha dado la vuelta entera las manecillas del reloj, y ya solo queda el humo de una vela apagada, vela que daba luz a la última salve, salve que antoja un presagio de esa larga espera de todo un año ya consumada.
Describe a la perfección distintos momentos del paso de la Hermandad por el camino del Coto Doñana, contando vivencia y emociones del peregrinar por las arenas para alcanzar la aldea almonteña y postrarse a los pies de la Reina de las Marismas.
Lunes de Pentecostés:
Sera la Fe, o el amor que sentimos por ti, lo que nos empuja a verte de madrugada, a eso, nunca he faltado. La noche paso deprisa, y el sol va entretejiendo la mañana, con sones de tamboril y repicar de campanas. Los cuerpos, acusan el cansancio de varios días de convivencia rociera, pero aun así, la calle Almonte es un mar de corazones, todas las miradas se clavan en la esquina de la calle Romería, impacientes por verte asomar.
Poco a poco, navegando entre el gentío, te vas acercando a ese lugar asignado por la hermandad Matriz, para que la Virgen, portada por sus hijos almonteños nos visite. Quizás no sea el entorno más maravilloso una churrería detrás, fueron años de gloria los vividos en puerta de la casa de hermandad de Dos Hermanas, pero lo importante, es que ni Tu ni Ella habéis cambiado.
Y para terminar Juan Carlo Gil Zambrana explicó su personal Rocío:
Mi Rocío es todo el año, es mí día a día, no pasa ni un minuto en el que no me sienta rociero, es mi forma de vivir, de ser, de sentir, de comportarme. El Rocío para mí, es ver la cara de mi hija todas las mañanas, es una caricia de mi mujer, un beso de mi madre al llegar a casa, una conversación con mi padre, o un WhatsApp de mi hermano.
Una tapita en Casa Puri, o una copa de Andrés.
Es un CRISTO CORONADO DE ESPINAS, MI CRISTO DEL PERDON, LA ESTRELLA, LA ESPERANZA, O LA VIRGEN DE LA CONCEPCION.
La iglesia de la Inmaculada, la Ermita de la Virgen de los Santos, o la Capilla de la cuarta planta del hospital
Son unos tacones de la Corrales, o el ramo de flores de Barrera, una sevillana del Catalán, o por qué no, una de . Es la Chicotá, la Queréncia, el Relente o los que Faltaban.
Así desgranaba sus folios en su voz ocupando el atril del Teatro del Colegio Salesianos el Pregonero del Rocío 2017.ç
Galería de Imágenes de Jesús Asencio Pérez:


























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