GLOSA CARTEL SEMANA SANTA 2019

GLOSA A LA IMAGEN CARTEL OFICIAL 2019

La muerte está acunada en tus rodillas

y es la muerte de Cristo redentora.

Muerte de luz que vida da a la vida

y en vez de ocaso es manantial de aurora.

Pero tu angustia, madre, inevitable

por ser humana muerte, es dolorosa.

Es la muerte de un hijo que ha sufrido

un calvario de escarnios su persona.

Ni el luctuoso duelo de tu Hijo

ni la trágica angustia que te aborda

han conseguido ajar tu noble estampa

ni tu belleza ensombrecer, Señora.

Y me pregunto yo: ¿Cómo se explica

-¡Oh, gran contrasentido de la historia!-

que la opresora angustia que te envidia

realce la verdad que Tú atesoras?

Has catado la hiel del sufrimiento

y en tu imagen la angustia se denota,

pero en ti late un gran presentimiento:

la muerte de tu Hijo es transitoria.

Tu corazón que sufre humanamente

adivina una muerte victoriosa.

Cristo, divino Dios y redentor,

ha de resucitar en plena euforia.

Por ello la expresión de tu hermosura

se acrecienta brillante y luminosa.

¿Qué madre aguantaría tan duro golpe

conviviendo una muerte tan monstruosa?

Virgen de las Angustias, madre amante,

madre influyente, Tú corredentora,

ayúdame a la hora de mi muerte:

quiero morir en gracia salvadora.
No le temo a la muerte,

con tu auxilio la muerte es mero tránsito a la otra

vida inmortal y eterno paraíso;

doy fe como cristiano, así me consta.

Virgen de las Angustias, madre amable,

madre admirable, madre mediadora,

te imploro la merced que me recuerdes

el día que de mi vida Dios disponga.

Quiero que mi alma vuele hasta tu falda

y hacia ese cielo que los justos gozan,

se pose en tus rodillas reclinadas

y le abras las puertas de la gloria.

Con este poema de Benito Pérez de 1992 he querido comenzar esta glosa, porque refleja perfectamente, como heraldo gráfico, el mensaje que imprime esta hermosa y patética estampa.
Porque como decía nuestro recordado Padre Juan Valenzuela, todo cartel de Semana Santa debe de llevar un mensaje de lo que en breve vamos a conmemorar.
Como le dije al Sr. Hermano Mayor de nuestra querida Hermandad de Almas y Angustias, a la que agradezco mi designación pues me unen lazos muy personales, sobran las palabras ante esta obra de arte.

Ella refleja que el autor, el artista, conoce perfectamente cada uno de los entresijos de este grupo escultórico.
Conoce la luz que le beneficia, las sombras que lo engrandece, los detalles cuasi humanos de sus dos maravillosas y Benditas Imágenes.
Pero eso no significa jugar con ventaja. Demuestra la devoción, el cariño y el inmenso respeto que nuestro hermano Sito, autor de la obra, siente por el Señor de las Almas y su Bendita Madre de Angustias.
Propone una técnica depurada basada en los años, a pesar de su juventud, que lleva con su cámara en ristre captando cada instante, cada momento que a la mayoría de nosotros pasan desapercibidos, pero que él, con su experiencia y sutil tacto, evitando el montaje fácil que la fría tecnología, que él humaniza, nos ofrece, sabe aprovechar y engrandecer.
Los dos compartimos debilidades cofrades. Perdemos la noción del tiempo cuando estamos delante de la Reina de San Gil y los ojos se nos aguan cuando besamos Sus benditas manos. Gozamos viendo andar por derecho al Desprecio de Herodes y, sobre todo, oramos, en el silencio del templo y a solas, a nuestros Sagrados Titulares.
Y este que os habla, cada Jueves Santo, como un loco enamorado en pos del amor imposible, busca, esquina tras esquina, la mirada perdida de la Virgen más niña de las que procesionan en nuestra Semana Santa.
En la semioscuridad intuyo esas cuatro lágrimas que son los cuatro zancos que sostienen la pena inconsolable del amor máximo que no es otro que el amor de una madre roto por la pérdida de su hijo.
Ojalá en mi final postrero tuviese el regazo de mi madre para dar el último suspiro. Por eso siento envidia de Él, del Señor de las Almas, porque la soledad de la muerte fue vencida con el abrazo y el llanto de Su madre. Yo no voy a tener esa suerte. O quizás sí, porque el amor de una madre es eterno y cuando llegue mi hora, ella me estará esperando para recoger entre sus brazos mi cuerpo inerte.
Y como única y privilegiada testigo del deambular penitenciario de la Cofradía, tenemos a la luna de Nissan, esa primera luna llena de la Primavera, también llamada de Parasceve. Esa luna que, como diría la poetisa Piedad Bonnett, brilla con el furor ciego que es señal inequívoca de que ha llegado el tiempo fértil del sacrificio.
La que más refulgía y la que los pastores judíos utilizaban para iluminar la Pascua que conmemoraba la liberación de su pueblo.
Esa noche la luna irradiaba con más fuerza para dar luz al tenebroso momento de la muerte del Redentor y acompañaba a esa madre desconsolada que sostiene, casi sin aliento, el cuerpo muerto del Hijo del Hombre, envolviéndolos con sus rayos claros y resplandecientes, para resguardarlos de la escarcha de la noche que son las lágrimas del Jueves Santo.
Pero esa misma luna, con su potente haz de luz, espejo del sol que es Dios, será la que nos anuncie que Jesucristo ha resucitado. Es en parte, en la triste noche del Jueves Santo, la que nos adelante que, quien ahora yace muerto y escarnecido, vencerá a la muerte y volverá a la vida en cuerpo y alma para mayor gloria del género humano.
Muchas gracias.

Autor: Eduardo González Gómez de la Mata
Cofrade y cristiano comprometido, amante de la Semana Santa y de todo lo que a ella la rodea, pregonero, exaltador, costalero, capataz, Hermano Mayor de su Cofradía de la Esperanza, formó parte de la junta permanente del Consejo Local de Hermandades y Cofradías
22 de enero de 2019, 22:18