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Pedro Roldan y su hija La Roldana

PEDRO ROLDÁN Y ONIEVA (1624 – 1699)

Pedro Roldán nace en la ciudad de Sevilla, en la collación del Sagrario.

La partida de bautismo, publicada por primera vez por el andaluz Heliodoro Sancho pone de manifiesto que Pedro Roldán se bautizó en Sevilla, en la Iglesia del Sagrario, el domingo 14 de Enero de 1624. Figura de padrino Pedro Borque. Años después su familia se trasladó a Orce, donde falleció su padre, Marcos Roldán, carpintero, en 1638.

En ese año Pedro Roldán, que tenia 14 años, se trasladó a Granada para ingresar en el taller de Alonso de Mena. En esta ciudad se casó, como hemos dicho, en 1642 y aquí permaneció hasta 1647, a raíz del fallecimiento de su maestro, trasladándose definitivamente a Sevilla como maestro escultor. Ciudad donde reside principalmente y su trabajo fundamentalmente se realiza en su ciudad natal, ciudad que mantenía latente la influencia de los grandes maestros Martínez Montañés y Juan de Mesa, además de otros como el flamenco Juan de Arce, que junto a él encabezaría la nueva Escuela Sevillana, ya plenamente barroca, donde se incluirían también otros grandes artistas como su propia hija Luisa Roldán o Francisco Ruiz Gijón.

Tenía entonces 23 años y toda una vida por delante. El taller lo estableció principalmente en la plaza de Valderrama, en el barrio de San Marcos. En su taller familiar, donde trabajarían cuatro de sus hijos, tres yernos y un sobrino, comienza su primera etapa sevillana, comprendida entre los años 1647 y 1665, en la que realiza imágenes la mayoría procesionales.

Con el paso de los años recibirla una amplia demanda de trabajo de parroquias, conventos, hermandades y catedrales, de las provincias de Sevilla, Cádiz, Córdoba, Jaén, Tenerife (La Orotava) e Hispanoamérica.

De formación naturalista, su escultura supo asimilar las novedades barrocas, con un estilo personal marcado por la contención, la elegancia y la libertad de formas.

Destaca las obras documentadas el retablo de Santa Ana, de Montilla (1652); los arcángeles San Miguel de Marchena y de la iglesia de San Vicente de Sevilla (1657); San José de la catedral de Sevilla (1664); los altorrelieves del retablo de la Piedad de la iglesia del Sagrario (1666); San Fernando, de la catedral de Sevilla (1671); las esculturas del Retablo Mayor del Hospital de la Caridad (1671-72); el grupo de Santa Ana con la Virgen, de la iglesia de Santa Cruz (1672); el Cristo de la Caridad, del citado Hospital (1672); los relieves y tallas de la catedral de Jaén (a partir de 1675); San Juan Evangelista de El Puerto de Santa María (1677); el retablo de Santiago Apóstol, de Carmona (1680); el retablo de Villamartín (1680); Cristo de la Expiración, de Écija (1680); la Inmaculada de Santa María de Gracia de Córdoba, a la que hay que retrasar la cronología hasta 1680; el Nazareno de la 0 (1685); el diseño de los santos patronos de Cádiz, San Germán y San Servando (catedral), ejecutados por su hija Luisa (1687); y San Pedro y San Fernando, sedentes, del Hospital de los Venerables (1698); el retablo de San Luís de Francia, del convento de San Francisco de Cádiz (1673-74) y el Cristo atado a la columna, de la iglesia de Santiago de Lucena(1675); La imagen del Cristo de la Columna Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol de Lucena provincia de Córdoba, es obra de D. Pedro Roldán Onieva en 1675 y encarnado por el artista local D. Bernabé Jiménez de Illescas.

Además de estas, existe una serie de obras que se le atribuyen a Pedro Roldán por su calidad y parecido estilístico. Entre otros, el Cristo de la Salud de la Hermandad de la Candelaria, una imagen de talla completa y tamaño algo menor que el natural, que perteneció a la Cofradía de la Antigua para la que realizó su Virgen de la Antigua, ya citada de 1651.

Y también el San Juan Evangelista, imagen de candelero de la Hermandad de La Lanzada, de cabeza con gruesos mechones compactos, propia de la estilística de Roldán.

Otras muchas imágenes se han atribuido a Pedro Roldán sin que hasta ahora se haya podido confirmar su autoría, si bien algunas de ellas es posible que hayan salido del taller familiar del artista, que al parecer quedó abierto en Sevilla durante algunos años después de haber fallecido el artista.

Pedro Roldán Onieva fallece en Sevilla, en 1669, a los setenta y cinco años de edad, probablemente aún no había terminado el Cristo de San Juan Bautista de La Orotava, creemos que sin acabar los torsos del tórax tal como se observa en la actualidad, vino a Tenerife. Su hija Luisa, conocida por la Roldada, que posiblemente la que más trabajó con el Cristo de la Columna que se conserva en la iglesia parroquial de San Juan Bautista de la Orotava.

LUISA ROLDAN (LA ROLDANA) 1652-1704

Luisa Ignacia Roldán Villavicencio nace en Sevilla en 1652, hija del escultor Pedro Roldán y bautizada con el nombre de Luisa Ignacia. Su padre, observando la inclinación hacia la escultura que manifestaba la niña desde pequeña, le enseñó a dibujar y modelar.

Pedro Roldán organizó un amplio taller de escultura que gozó de gran renombre en Sevilla. Estaba relacionado con los mejores artistas de la época, como por ejemplo Juan Valdés Leal, y con las más acaudaladas familias y comunidades sevillanas. Desde muy pronto la niña empezó a ayudar a su padre (al igual que los otros hermanos), pero no se conformó con realizar las tareas “femeninas” (dorar, estofar y encarnar las figuras, por ejemplo), sino que enseguida comenzó a diseñar por si misma y a tallar, lo que entones se consideraba poco apropiado para una mujer, pues había que trabajar con escoplos, martillos y sierras, llenarse de polvo, mancharse, lastimarse y deformarse las manos del duro trabajo.

Luisa, pese a la oposición familiar, se casó en 1671 con un aprendiz del taller de su padre, Luís Antonio de los Arcos, pero fue la actividad profesional de la mujer la que sostuvo económicamente a la familia.

Hacia 1686 se trasladaron a Cádiz y dos años después a Madrid con la pretensión de obtener una plaza como escultora real. En la capital conoció al pintor y escritor Antonio Palomino.

En el taller de su padre aprendió las técnicas del trabajo en madera, piedra y barro y el empleo de la pintura, el dorado y el estofado de las imágenes. Su periodo de madurez se caracteriza por una mejor expresividad de los rostros, gracia en las posturas y soltura en los ropajes, alcanzando su estilo en la etapa madrileña un barroco armonioso, expresivo, realista, narrativo y emocional. Inmersa en el ambiente contrarreformita español, su producción escultórica se centra en la temática religiosa representando temas de la Pasión de Cristo, de Jesús Niño, de la Vida de la Virgen, la Sagrada Familia y los Santos.

En 1692, el rey Carlos II le concede el título de escultora de cámara pero el nombramiento no le supuso grandes ventajas económicas. La situación política, social y económica que atravesaba entonces el país, afectaba a todas las clases sociales. Así, a la falta de los pagos correspondiente de la Hacienda Real por su cargo, se unía el retraso en el cobro de los encargos hechos a la escultora por la nobleza. Esto se aprecia en las cartas que Luisa Roldán escribe al rey y a la reina solicitando, en principio, el dinero adeudado pero más adelante conformándose con pago en especie (alimentos o vestidos) o poder ocupar algunas habitaciones que habían quedado vacías en palacio, lo que indica la miseria extrema que padecía la familia y la inexistencia de aporte a la economía familiar por parte de su marido ni de ninguno de sus hijos que estaban ya en edad de trabajar.

Con la muerte de Carlos II y la llegada al poder de Felipe V, solicita al nuevo rey que le confirme en el cargo de escultora de cámara, hecho que ocurre en 1701.

Sus obras

En 1686 (tenía 24 años) la contrató el cabildo de Cádiz, para los que hizo diversas tallas de patriarcas, ángeles y los santos patronos de la ciudad (Santos Servando y Germán).

Entre sus obras más destacadas cabe señalar la del “Arcángel San Miguel” que está en El Escorial, “Santa Clara” del convento de las Descalzas Reales, “Jesús Nazareno” del convento de Sisante (Cuenca) y otras muchas que se encuentran dispersas sobre todo por Andalucía.

Aunque se le han atribuido multitud de obras en Sevilla, sobre todo en la Hermandad de La Exaltación, lo cierto es que las únicas piezas que se pueden decir de su estilo son el Ángel del misterio de la Oración en el Huerto (Monte-Sión) y los pasionarios de la Exaltación, pero ningún Titular.

Igualmente entre las posibles atribuciones se ha llegado a acercar a su taller a la Esperanza Macarena y la Virgen de Regla de Los Panaderos. Curiosamente su única obra profesional documentada se encuentra en Puerto Real (Cádiz) y es la Virgen de la Soledad, donada junto con su esposo, el también imaginero Luis Antonio de los Arcos Navarro.

A partir de 1704 no se tiene más noticias de la escultora lo que podría indicar una enfermedad o incluso que hubiera muerto.

Constituye uno de los escasísimos ejemplos de artistas femeninas en la historia del arte que obtuvo consideración social como artista, pese a su género, lo cual dice mucho tanto de su personalidad como de su talento.

Además de ser una incansable trabajadora, es una artista que ha conseguido dotar a sus esculturas de emoción, expresividad y armonía y que ha conseguido ser la más destacada escultora barroca, ocupando su nombre un lugar de privilegio en el arte barroco español.

Galería de Imágenes de sus Obras:

 


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